jueves, diciembre 24, 2009

¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!

FOTOS VARIAS Y A OTRA COSA, MARIPOSA.



La reina Victoria y yo, ni más, ni menos.



En la leyenda del rey Arturo, la mesa redonda era una mesa mística de Camelot alrededor de la cual el rey y sus caballeros se sentaban para discutir asuntos cruciales para la seguridad del reino.
Actualmente, esta mesa que fue repintada en 1789, se encuentra ubicada en el salón principal del castillo de Winchester. Muestra al Rey Artús presidiendo las ubicaciones concéntricas de sus veinticuatro caballeros.





En el Castillo de Winchester nació Enrique III de Inglaterra, allá por el año 1207. Era hijo de Juan I, más conocido como Juan sin tierra, que a su vez era hermano de Ricardo I, conocido como Ricardo corazón de león.
Enrique III fue el primogénito del Rey Juan I y de Isabel de Angulema.



Fernando y yo. Autofoto.



El castañero.



Contrastes.

miércoles, diciembre 23, 2009

EL INTERIOR DE LA CATEDRAL. Winchester.



Winchester es la ciudad que vió morir a Jane Austen, pero desconocía que estuviera enterrada también allí, y en la Catedral menos, así que cuando mi primo me lo contó me quedé muy sorprendida, y emocionada a la vez, por tener la oportunidad de visitar su tumba. He leído todos sus libros, absolutamente todos, mi preferido es "Emma".

Nunca hubiera imaginado así el lugar que alberga los restos de Jane. Imaginaba una tumba rodeada de flores enmedio de un entorno verde, en un lugar muy rural y junto a un precioso "cottage".

Pues bien, ahí me teneis, junto a la lápida del siglo XIX ubicada en el muro que mira hacía el norte. Fue muy emocionante.



Sabíamos que esta mini puerta tenía algún misterio, pero no hubo manera de desvelarlo hasta que buscando, buscando, y gracias a internet que es una maravilla, ya lo he descubierto. Resulta que este rincón de la catedral, alberga imágenes de santos como San Birino que fue el primer obispo misionero que tuvo la catedral, o San Swithun, y en este me paro porque la puertecilla tiene mucho que ver con él. Los peregrinos se arrastraban a través del "agujero sagrado", (que debe ser el nombre de la puerta), para estar más cerca de los huesos de dicho santo.



En el coro de la catedral se encuentran unas urnas funerarias que contienen los restos de varios reyes de las primitivas dinastías reales de Inglaterra, se conoce quienes fueron enterrados allí, pero ya no se sabe quién es quién porque andan todos juntos y revueltos.
La identificación de los restos humanos contenidos en los cofres es imposible. Durante la Guerra Civil del siglo XVII, los soldados del Parlamento profanaron las urnas y esparcieron los huesos por tierra. Con la Restauración de la monarquía, los huesos profanados fueron recogidos y colocados en las actuales urnas mortuorias



El precioso y ornamentado altar mayor.



Para finalizar y como curiosidad deciros que la catedral ha sido usada como escenario de las novelas de ficción de Anthony Trollope sobre la vida clerical durante el siglo XIX. En el año 2005, el edificio fue utilizado como escenario para la película "El código da Vinci", donde el transepto norte era el Vaticano. A raíz de esto, la catedral albergó debates y proyecciones para desacreditar el libro.

martes, diciembre 22, 2009

CATEDRAL DE WINCHESTER.



Contrastes.





Autofoto.



La catedral de Winchester empezó a construirse en el año 1079, tiene una larga historia y es una de las mayores catedrales de Inglaterra. Es, además, la que tiene mayor longitud de todas las catedrales góticas europeas.

A lo largo de los años, las piedras que forman sus muros han sido testigos de numerosos acontecimientos, entre ellos dos coronaciones, dos matrimonios y un funeral real, así como el funeral y entierro de Jane Austen en 1817.

Este edificio no tiene desperdicio y merece la pena perderse entre sus muros. Fernando y yo nos tomamos nuestro tiempo para eso, pero antes visitamos el precioso mercado navideño ubicado en una de las fachadas laterales.

lunes, diciembre 21, 2009

WINCHESTER.



Las señales que nos indicaban el camino correcto.





La estatua que preside la entrada, detrás de ella hay una colina verde que la niebla nos impidió descubrir hasta el final de nuestra visita, y ¡fue todo un acontecimiento para mí!.




Y como podeis comprobar, no era yo la única castellonera por aquellos parajes...



Después de dejar a Pedro en su misión imposible, Fernando y yo nos fuimos camino de Winchester. Esquivando la autovía y perdiéndonos por preciosos caminos rurales, disfrutamos de la famosa campiña inglesa y de las bonitas casitas de campo que eran una verdadera envidia.

Winchester, la antigua capital, conserva en el ambiente y en la arquitectura de sus edificios, un inconfudible diseño medieval.

Empezamos la visita callejeando por la zona más céntrica, para continuar perdiéndonos por uno de sus mercados de frutas, verduras y flores, muchas flores naturales.

sábado, diciembre 19, 2009

PORTSMOUTH.




Por la tarde nos encontramos con mi primo Fernando, teníamos muchas ganas de vernos mutuamente y qué cosas que nos vemos más allá que acá...llegó cuál Papá Noel, cargadito de regalos, aunque el mejor regalo era él mismo. Nos obsequió, además, con una tarde inolvidable en Portsmouth, ciudad natal de Charles Dickens, en la costa sur de Inglaterra, en el condado de Hampshire.

Paseamos perdiéndonos en la noche temprana y fría de Inglaterra. Las calles semioscuras y húmedas. Pudimos ver unos galeones preciosos, de esos de las novelas de piratas y princesas secuestradas.

Durante siglos, Portsmouth fue un importante puerto naval y es hogar del muelle seco más viejo del mundo, aún en uso, por eso alberga un museo donde poder visitar barcos famosos como el HMS Victory, los restos del Mary Rose o el HMS Warrior.

El símbolo de la ciudad es una moderna torre, se llama Spinnaker Tower y se construyó en 2005, desde donde se pueden divisar preciosas vistas sobre la misma. Decidimos no subir porque en la oscuridad que nos envolvía, poco íbamos a ver del entorno.

Por último, y aprovechando el post: ¡FELICIDADES PRIMO!, es que es su cumple justamente hoy. Besitos.

Pd: Y mi recuerdo especial a la Aurora Boreal, que la recordamos cada día y la llevamos en nuestro pensamiento y en nuestro corazón, y hoy también la hubieramos felicitado por su cumple. "¡Gracias Glo!, por todo".

jueves, diciembre 17, 2009

MAGIA POTAGIA.



Abandoné los trastos y me fui a la aventura, esta vez sola, memorizando el camino que recorría, fijándome en cada detalle.

Eso de andar sola por ahí en un país que no es el tuyo, con un idioma que todavía no acabas de dominar, te hace sentir, también parecer, un poco idiota. Para empezar, cualquier pequeña cosa es un mundo. Lo de cruzar la calle se convirtió en una odisea, con eso de que circulan por la izquierda iba mareada, mirando a un lado y al otro, volviendo a mirar y a remirar, parecía que andaba haciendo ejercicios de cuello. Tenía que pensar cada vez por donde iban a aparecer los coches. En un par de ocasiones me tocó retroceder porque se me llevaban por delante si no lo hacía, la costumbre es muy mala en un lugar donde es distinta.

Terminé haciéndome amiga de todos los semáforos de peatones que encontré, que me cruzaban de una acera a la otra. Caminé, caminé, caminé hasta hartarme, parándome en cada escaparate curioso, mirando detenidamente algunas casas, disfrutando de la navidad que marcaba su presencia en cada esquina, de las caras nuevas, y observando la vida discurrir de otras personas.

Una sirena de un coche de policía se escuchó a lo lejos y mientras se acercaba con su sonido repetitivo hacía donde me encontraba, el mundo pareció detenerse, y por unos instantes se detuvo, hasta que se alejaron con su música y sus luces dando vueltas sobre el techo.

Otro semáforo. Un chico con su melena larga, rubio, casi albino, al otro lado de la acera, justo enfrente de mí, se paró respetando religiosamente el rojo para los peatones. Hice lo mismo, y fue allí cuando lo vi. En todo ese rato que permanecí junto a aquel semáforo, no pude dejar de mirarlo, tirado, abandonado a su suerte en el suelo. Un chupete azul. Un chupete que algún niño estaría añorando, quizás llorando, porque un chupete lo es todo en el mundo infantil. El chupete me miraba fijamente atrapando toda mi atención y yo miraba al chupete, también a mi alrededor, por si encontraba al pequeño propietario, pero no hubo suerte. Me imaginé al chiquitín que había detrás del chupete, a un niño rubio platino de enormes ojos azules y mejillas sonrosadas, me imaginé a ese pequeño desamparado sin el consuelo de su objeto más preciado.
En ese momento, entre el chupete y yo se estableció una comunicación, no verbal, por supuesto, pero pese a ser un objeto, diminuto, un objeto sin más, un objeto tirado sobre el asfalto junto a un semáforo gris, se convirtió de pronto en lo más importante de ese paseo en soledad, en el icono, porque el chupete no habló, pero mi alma si mantuvo un monólogo en mi interior que comenzó al encontrarme precisamente con él. Es difícil de explicar, pero de golpe y porrazo comprendí muchas cosas que había ido aplazando para no pensarlas, las tuve que mirar de frente, casi a la fuerza, y un torrente de sensaciones me envolvieron de tal forma que ya no vi nada igual, el chupete hizo magia y el mundo a mi alrededor se transformó en otro.

Comprendí de repente, así, por sorpresa, mis propios sentimientos, esos que la parte no consciente de mí trata de esquivar poniendo un muro de defensa, y todo gracias a un chupete azul que me miró, que cayó al suelo para encontrarme a mí, porque no existe la casualidad.

Aunque parezca extraño y no entendais nada, todo cambió y todo sigue cambiado.

miércoles, diciembre 16, 2009

SOUTHAMPTON.



Las escaleras que llevaban a nuestra habitación.



Azul celeste, muy inglesa.



Una habitación para la televisión.



Llamando a la puerta.



Arriba nuestra calle, abajo la menda en el taxi envuelta a lo Doña Rogelia con mi bufanda, ande yo caliente...



Amaneció por decir algo, porque fue un amanecer oscuro. Llovía y el sol brillaba por su ausencia.

Desayunamos y nos embarcamos a la aventura de la búsqueda de nuestro destino, un pueblo del sur que se llama Southampton.

Autobus, trajín de maletas, estación, larga espera en la que aproveché para deleitarme en el placer de ver la vida discurrir por un rincón del mundo distinto del que normalmente me envuelve. Disfruto observando el ir y el venir de otras personas en otros lugares tan diferentes o no tanto, depende de los ojos con que se mire.

Llegó nuestro tren y subimos confiados. Doce vagones y escogimos uno al azar. Por fin sentimos calorcito y agradecí esa sensación intensa, casi de placer, al dar portazo tras de mí al frío que helaba mi cara en el andén. Estos contrastes son precisamente los que te permiten valorar lo que tienes cuando lo tienes, y lo que no tienes cuando lo deseas tener.

Menos mal que el inglés forma parte de nuestras vidas, menos mal, porque, ¿quién iba a pensarse que un tren se parte en dos a mitad del camino?.

Estaba preparada para mis dos horitas de viaje, encantada de la vida mirando paisajes por la ventana, con mi libreta de anotaciones al lado, "el bolígrafo de gel verde" también cerquita para seguir perdiéndome en la historia en cuanto se presentara la ocasión, y de repente, leemos en un cartelito que los cuatro primeros vagones se dirigen a Southampton y el resto, hasta el vagón doce, se van a donde Cristo perdió el gorro.

Empezó así, un largo peregrinaje por el interior del tren. No se me ocurría poner un pie en el vagón siguiente hasta que llegara mi Pedro cargado con la maleta de 24 kilos, no fuera a ser que en ese momento se partiera el tren y tú a Boston y yo a California.

Paró unos minutos en una estación, momento que aprovechamos para bajar y correr por el andén en busca del vagón número cuatro, ante la atónita mirada del revisor, que seguro que pensó que eramos dos tontos muy tontos, y es que un tren se hace muy largo cuando te anuncian que se parte en dos.

Y todo salió bien, nos dió tiempo, disfrutamos a través de la ventana de las verdes extensiones de terreno, de la preciosa panorámica de las aldeas con sus casas victorianas y sus castillos de película, de esos que tienen fantasmas. Los cuatro vagones llegaron a su destino y nosotros con ellos al nuestro.

Pedro se fue a informar de la ubicación de nuestro hogar inglés mientras que yo me quedé de guardaequipaje observando entretenida una discusión de los más variopinta, con el tono de voz elevado pero dentro de un control, con "sorries" y "thank yous" incluidos, "very polite", lo mismito que aquí.

Taxi, casa. Habitación en un altillo al final de unas empinadas escaleras que a mi me recordaban a las pelis de terror, y por fin, Southampton.